Gentileza del H.·. Manuel I. Arellano Méndez
En la tenida pasada, al entrar a mi madre Logia, tropecé con este grotesco
y feo pedrusco que llamamos "Piedra Bruta", que adorna mi columna.
Con burla di la vuelta y le dije "Perdón,
piedra bruta", con
asombro escuche que me contesto. "No hay de que AJEF
bruto". Picado
me regrese y le dije: ¿Ah, con que hablas también? "Si,
me dijo, hablo y lo que es mejor, pienso lo que digo, pena
me da ver que HH.·. como tu me tienen en tan poca estima,
pasan son siquiera darme una mirada compasiva o tan siquiera
un gesto amable.
Esto me irrita porque me doy cuenta, cuan pocos comprenden
la grandeza que encierro dentro de mi gran significación.
Aquí como me ves, no fui siempre lo que soy, yo vengo
de picachos, de las alturas; donde podía ver el sol
antes que nadie y de cuando tú vivías en la
penumbra, yo aun podía disfrutar de sus suaves destellos.
A mi altura donde yo estaba, sólo los cóndores
llegaban y era agradable ver a mis plantas, como arrodilladas
ante mi grandeza, la inmensa esmeralda del valle, bordada
de lentejuelas de mil colores.
Mi orgullo llego a tal grado de cegarme que me creí invencible
y eterna. Pero cuan equivocada estaba, un día el universo
como queriendo demostrar mi error, desato sobre mi sus furias
y mando sobre mi el rayo que con su luz cegó mis ojos
y al terrible impacto volé en mil pedazos y sobre
el barro descendí hasta dar en el fondo.
Llore de rabia al verme en la infinita impotencia, y así permanecí no
se cuanto tiempo... hasta que al igual que otras piedras
compañeras mías de infortunio nos transportaron.
Y volvió a renacer mi esperanza, pensé que
quizá me podrían en el lugar que por mi alcurnia
me pertenecía.
"Seré ahora un monumento" -pensaba- con mi concursó simbolizare
la justicia y en las manos de un artesano, con mi cuerpo formare el corazón
duro e inflexible de la razón o quizá la venda que represente
la imparcialidad en todos los juicios.
Me gustaría ser la corona de laureles que ciña
la sien del patriota o quizá, porque no, ser parte
integrante del monumento a la madre, para que las generaciones
venideras vean, que con mi cooperación e inmortalice
el más puro y más grande que existe.
Cuantas y cuantas ilusiones me hice, cuantos deseos de altura
y grandeza y en cambio aquí me tienes tan dura y fea
como el barraco, tan grotesca que causo pena y si no me escupen
es porque ni de eso tengo forma, ¿No habrá algo
que me transforme y me de vida?... Sólo he servido
para representarte, para que veas en mí tus imperfecciones,
tus vicios y tu ignorancia, soy ahora ejemplo del mal y sin
embargo, a veces me avergüenzo que me comparen con alguno
de ustedes.
Poco tienes de verme, yo en cambio he visto tantos y tantos
que por aquí entran, que hasta he perdido la cuenta.
Y me pregunto: ¿Dónde están ahora tantos
AJEF que vinieron a jurar fraternidad, lealtad y amor a esta
Augusta institución?
¿En dónde están tantos AJEF que aquí se iniciaron?
No lo se, ni me los explico. Sólo se que salieron para nunca volver
y que andarán por ahí diciendo:
"Soy AJEF"
Y esto me da pena y lástima , no por la Logia, sino
por ellos que no fueron capaces de ver más allá de
sus propias narices; porque, iluso creyeron que la Logias
es feria de vanidades, cuando que mejor debieron haber luchado
por encontrar la inmensa belleza que encierra esta luz y
esta verdad. A ustedes Aprendices, los he estado observando,
y no creo que tu sea diferente que aquellos y por eso te
deseo aconsejarte. Te he visto cuando llevas y lees tus trabajos
tembloroso, tanto que casi se te doblan las rodillas de miedo.
Y te pregunto ¿Miedo a que o a quién? ¿Tienes acaso,
miedo a ti mismo?... Pero en cambio cuando escuchas el aplauso de tus HH.·.,
te vienes a tu puesto ancho y gordo. Te inflas como pavorreal y si pudieras
verte como te veo, no eres más que un pobre Guajolote.
De reojo te miro en tu puesto y casi revientas de satisfacción
ante la alabanza. Y eso es muy malo, no se te debe subir
a la cabeza el éxito porque puedes caer en el error
de sentirte superior, cuando no eres más que un insignificante
Aprendiz.
Se prudente en tus actos y humilde en
tus afirmaciones, práctica
sus teorías e bueno, caritativo, honrado, estudioso,
ayuda a tu Logia y a tus HH.·.. No seas AJEF de pico, es
decir AJEF teórico. La virtud, el honor, la lealtad,
no se adquiere macheteando liturgias.
¿Te has fijado en la inmensa dicha que le causa a tu madre cuando su
hijo de tierna edad; dice sus primeras palabras? ¿No te has puesto ha
observar, como festeja y ánima a la madre cuando por primera vez el
hijo de sus entrañas dice "bu bu"?
Con que caricias y mimos se le trata cuando se da cuenta
que empieza a germinar el fruto de sus más caro anhelos.
Pero imagínate el efecto que le causarías a
tu madre, que a tu edad lo único que sabes decir es "bu
bu"... Espero que me entiendas lo que digo, que comprendas.
No te envanezcas, acepta los aplausos como un aliciente en
bien de tu propia superación. Y no te enquistes, escucha
bien lo que te digo, no te detengas nunca cuando ya te hayas
trazado una senda para seguir.
La logia es grande, muy grande, a donde sólo llegan
pocos y adonde también la malediciencia y la mediocridad
los pierde en los torbellinos obscuros de la nada.
Para terminar quiero pedirte un favor:
"No me digas PIEDRA BRUTA, soy PIEDRA
EN BRUTO, que es distinto"
H·.· Guía
Manuel I. Arellano Méndez
"Vicente Guerrero" No.1, OR.·. de Zacatecas
Julio de 2009.