"Uno de los buenos efectos
inadvertidos de la televisión es que ahora
la gente la ve en lugar de dedicarse a producir panfletos
en los que informan que han cuadrado el círculo".
Undewoo Dudly, Mathematical Cranks
La
historia está llena de intentos por cambiar
un elemento de la naturaleza en otro, ya sea mediante
alquimia, magia o ciencia. Einstein, desde luego, proporcionó algo
de la inspiración con su famosa ecuación
que da a conocer cómo la materia se puede transformar
en energía. Pero en su mayoría, estos
intentos de transmutación sólo fueron
esfuerzos vanos por convertir al plomo en oro- o, según
el dicho, por hacer una bolsa de seda con la oreja
de una marrana-. Junto con estos esfuerzos, hubo otros
de inclinación más geométrica,
cuando se intentó convertir círculos
en cuadrados usando cualquier método que pudiera
imaginarse.
Cuadrar el círculo es uno de los pocos problemas
matemáticos que han llegado a ser común
fuera de los ámbitos matemáticos profesionales.
Incluso si la gente en las calles pocas veces sabe
exactamente qué significa, es probable que haya
oído del problema y sabe que resolverlo es difícil
o quizás imposible. Es un hecho que la frase
cuadrar el círculo se ha filtrado en nuestro
lenguaje cotidiano, aludiendo a que determinado proyecto
está condenado al fracaso.
Alrededor
del año 420 a.c., Hipas de Elis descubrió una
curva denominada cuadratriz, pero no fue hasta el
año 335 a.C. que Dinostrato usó la
cuadratriz para construir un cuadrado que tuviera
la misma área que un círculo dado,
lo cual no contó como verdaderamente haber «cuadrado
el círculo» en el sentido euclidiano, 10 a
causa de que se requiere un número infinito
de pasos para crear la cuadratriz.
Cuadrar el círculo consiste en construir, ya
sea geométrica o numéricamente, un cuadrado
que tenga con exactitud la misma área que un
círculo dado. (A este problema también
se le conoce como la cuadratura del círculo.)
Los griegos de la antigüedad plantearon el problema
de la cuadratura del círculo sujeto a dos condiciones:
primera, en el método de resolución sólo
deben usarse regla y compás, para que la prueba
se pueda reducir por completo a los teoremas de Euclides;11 segunda,
debe llegarse a la solución sin tener que usar
un número infinito de pasos. Resulta que es
fácil cuadrar el círculo si se elimina
cualquiera de estas dos restricciones. Por ejemplo,
si se recurre a las matemáticas superiores,
como el cálculo, o a curvas de orden superior,
como una cuadratriz o una espiral, se puede, en efecto,
construir un cuadrado de igual área que un
círculo dado de manera bastante sencilla.
Arquímedes demostró que el área
de un círculo es igual a la de un triángulo
rectángulo que tiene uno de sus catetos igual
al radio del círculo y el otro cateto igual
a la circunferencia del círculo, a causa de
lo que mucha gente ha intentado cuadrar el círculo
encontrando la circunferencia del círculo a
partir de su diámetro (lo que frecuentemente
se denomina la rectificación del círculo).
Por supuesto que si se conoce con precisión
el diámetro del círculo y su circunferencia,
se conoce a pi.
Augustus
de Morgan apodo a San Vito el santo patrono de los
cuadradores del círculo. En su obra Budget
of Paradoxes, De Morgan escribió que San
Vito «dirige a sus devotos en una danza carente
de significado y que nunca termina». También
señalo que con frecuencia se representa al santo
al lado de un gallo y añadió: «Luego,
después del gallus gallinaceus [el
gallo de corral] mismo, no hay otro canto como el de
un cuadrador del círculo»
Sin embargo, hace dos mil años, nadie sabía
que sería imposible indicar con toda precisión
la razón entre la circunferencia y su diámetro,
y se volvió relativamente común en la
antigua Grecia intentar cuadrar el círculo.
Los griegos incluso tenían una palabra, tetragonixein con
la cual se denominaba a alguien que se ocupaba de la
cuadratura del círculo.
Pero para le siglo XVI- no mucho después de
que el cardenal Nicolás de Cusa declarara que
efectivamente había cuadrado el círculo
(y subsecuentemente se le mostraron los errores en
su proceder)- los matemáticos se estaban dando
cuenta de que era en vano intentar cuadrar el círculo.
Quizás en este punto fue cuando empezó la
escisión entre los verdaderos estudiantes de
matemáticas y los simples «cuadradores
del círculo»; donde Viète, Snell,
Wallis, Newton y otros tomaron el camino más
seguro o positivo de entender cada vez mejor la naturaleza
infinita de pi, los cuadradores del círculo
obstinadamente se atuvieron ala seductiva creencia
de que si sólo trabajaban lo suficiente, podrían
resolver –de una vez y para siempre- este antiguo
problema.
Orontius, Fineus, el gran filósofo Joseph
Scaliger, Longomontanus de Copenhage y Gregor y de
St. Vincente se encuentran entre los muchos matemáticos
de los siglos XVI y XVII cuyas «demostraciones»erróneas
fueron refutadas una por una. Incluso el bien conocido
filósofo inglés Thomas Hobbes dio a conocer
su cuadratura del círculo en su De Problematis
Physicis (1668), obra en la que mostró que pi
es igual a 3 1/8 (una solución común
de los cuadradores del círculo). Más
tarde, una vez que su demostración fue claramente
rechazada, Hobbes intentó defender su absurda
posición poniendo en duda los principios fundamentales
de la geometría como el teorema de Pitágoras.
Para 1775 había tanta gente tratando de obtener
validación para sus métodos de cuadrar
el círculo que la Academia Francesa de Ciencias
aprobó un resolución de ya no continuar
examinando más las llamada soluciones de la
cuadratura del círculo. Al mismo tiempo, esta
Academia excluyó otras tareas imposibles: la
duplicación del cubo, la trisección del ángulo
y las máquinas de movimiento perpetuo (artefactos
que crean tanta energía como la que consumen
para funcionar, lo cual les permite funcionar por siempre).
El
famoso poeta inglés Alexander Pope escribió,
en su poema de 1743, Dunciad:
Sola, la demente Mathesis
era ilimitada,
Demasiado demente para que simples
Cadenas materiales la ataran, -Ahora hacia el espacio
Puro su extática mirada eleva, y corriendo alrededor
del
Círculo, cuadrado ahora lo encuentra.
(Mad Tmesis alone was unconfined,
Too mad for mere material chains to bind,
-Now to pure space lifts her ecstatic stare,
Now, running round the circle, find it square)
Las notas de autor de
Pope explican que este poema se refiere a «los
desmedidos e infructuosos intentos por cuadrar el círculo»
En realidad, tratar de cuadrar el círculo es
muy similar a encontrar un método para el movimiento
perpetuo. A primera vista, cada uno de estos problemas
parece ser uno que debiera tener solución, se
estuviera en posibilidades de pensar lo suficiente
en todos sus detalles. Es este tipo de razonamiento
lo que ha impulsado a la gente alrededor del mundo
creencia equivocada de que cuadra el círculo
es un problema central de las matemáticas. Algunos
han llegado hasta el extremo de considerarlo el gran
fin y el objeto de la geometría, y sostienen
han llegado hasta el extremo de considerarlo el gran
fin y el objeto de la geometría, y sostienen
que si precisamente este problema se resolvería
constituiría para la humanidad un gran salto
adelante. Y quizás lo sería, si sólo
fuese posible (lo cual, desde luego, no lo es).
Otra concepción errónea es que hay un
grandioso premio monetario esperando a quien logre
exitosamente cuadrar el círculo. En su libro
a Budget of Paradoxes, el crítico científico
del siglo XIX Augustus de Morgan escribió acerca
de un jesuita quien viajó de Sudamérica
a Inglaterra par reclamar su premio por cuadrar el
círculo, y también de un llamado M. de
Vausenville, quien tomó acción legal
contra la Academia Francesa de Ciencias para recuperar
un premio que él juzgaba era suyo gracias a
su solución. Por supuesto, incluso su los métodos
hubiesen sido correctos (lo cual es imposible), nunca
existió el ofrecimiento de un premio por la
solución. Incluso hoy en día, se reciben
frecuentes reportes de todas partes del globo terráqueo
de que alguien en algún lugar ha encontrado
una solución al problema de cuadrar el círculo.
Pero la mayoría de los ciclómetros (aquellos
que caen bajo el hechizo de querer medir el círculo)
están totalmente convencidos- tan increíble
como pueda parecer- de que han encontrado la clave
de un antiguo problema. Y entonces, con la pasión
de aquellos que de pronto encontraron la religión,
hacen proselitismo y defienden su «verdad» ante
cualquiera que éste dispuesto a escucharlos.
Underwood Dudley, en su precioso libro Mathetical
Cranks, escribió acerca de un tal J.V., quien
en noviembre de 1982 informó que había
calculado que pi era «exactamente 3.0625».
Luego, un mes después, escribió:
Siendo la «cuadratura de un círculo» el
logro matemático más elevado de la
humanidad, yo mismo, con un profundo sentido de su
importancia científica, de una vez y para
siempre de una manera definitiva doy fe de que la «cuadratura
de un círculo» se puede tomar como un
hecho verdadero.
Siendo el primer hombre en haber trabajado en
el área de un círculo, matemáticamente,
sin valor de «pi», doy fe además
de que el verdadero valor de la razón de la «circunferencia
de un círculo» a su diámetro
es «pi», esto es, el valor total de 2.91421351481511+,
no hay pero que valga, no más que un poco
menos, punto.
Por supuesto, uno de los rasgos más fascinantes
de los cuadradores del círculo es su resistente
naturaleza, que les permite soportar hasta los argumentos
más profundos que refuten su postura. A veces,
un ciclómetro sostiene la fe de que su solución
es correcta como si fuera una espada que se enfrenta
a la razón. Por ejemplo, en su libro The
Quadrature of the Cicle, publicado en 1874, John
A. Parker ideó argumentos autosatisfactorios
pero incorrectos de que «la circunferencia de
un círculo es la línea fuera del círculo
que lo encierra completamente», y luego señaló que
todos los valores de los demás para pi son incorrectos
porque «por esta diferencia, con su aproximación,
los geómetras cometen un error en el sexto lugar
decimal».
Algunos argumentos de esta clase pueden ser convincentes,
aunque permanecen sin justificación válida.
Muchos ciclómetros que preparan cuidadosas soluciones
geométricas (usando sólo compás
y regla, sin fórmulas) argumentan que sus métodos
son más puros que los números gracias
a que están trabajando en su plano más
levado de razonamiento. Por lo tanto, cuando sus soluciones
se usan para tratar de determinar algo tan simple como
la circunferencia de un círculo con un diámetro
de 1, se vuelven hoscos e insisten en que trabajan
con números sólo enturbia el agua. Más
bien pareciera que el agua enturbiada se encuentra
entre sus orejas y no en los dígitos.
Debiera
parecer que es más fácil cuadrar el
círculo que evitar el contacto con un matemático.
Augustus de Morgan, A Budget of Paradoxes.
Una de las técnicas favoritas de los cuadradores
numéricos del círculo es la de reductio
ad absursum, en la que se hace una suposición
al inicio de la demostración y después
se muestra por qué cualquier otra respuesta
sería absurda. Por ejemplo, supóngase
que pi es igual a 3.125 y luego procédase a
mostrar que el valor aceptado es de 3.1416+ sería
imposible. Desafortunadamente, las demostraciones erróneas
de los cuadradores del círculo con frecuencia
se construyen de tal manera que el valor original es
correcto sin importar cuál sea el valor que
inserten. Incluso si hubiera hecho al principio la
suposición de que pi fuera igual a 47, habrían «descubierto» que
pi era mucho mayor de lo que previamente se había
pensado –más de quince veces mayor, sin
que esto nos cause asombro-. Cierto, la demostración
de que pi es irracional (que no se puede expresar como
una razón de enteros, según lo probó Lambert
en 1761) fue un golpe para algunos cuadradores del
círculo, pero fue fatal a cauda de que aún
es posible construir geométricamente algunos
números irracionales. Por ejemplo, es relativamente
fácil dibujar, usando sólo regla y compás,
la relación entre el lado y la diagonal de un
cuadrado, a pesar de que ésta es un número
irracional
.
En
realidad, no fue hasta 1882-cuando Lindemann demostró que
pi es un número trascendente- que de manera
concluyente se pudo desechar la actividad de cuadrar
el círculo. Ya se había mostrado que
sólo las formulas algebraicas reducibles a segundo
orden se pueden construir geométricamente con
regla y compás. Cuando Lindemann probó la
naturaleza trascendente de
,
mostró que no existe ecuación algebraica
finita que pueda describir el número, y por
lo tanto que no es posible construirlo en el marco
de las restricciones euclidianas clásicas.
Pero una vez más, intentar convencer a alguien
que ya ha tomado una decisión resulta difícil.
En su libro Mathematical Cranks, Underwood Dudley informa
también acerca de que un ciclómetro escribió que «la única
posición de
en
matemáticas es su relación con las series
infinitas [y] que
no
tiene relación con el círculo… Lindemann
proclamó que la cuadratura del círculo
es imposible; pero la demostración de Lindemann
es engañosa, pues usa número (que son
aproximados en sí mismos) en su demostración ». ¿Cómo
se puede argumentar contra esa lógica?
La
cuadratura del círculo reviste gran importancia
para el geómetra-cosmologista a causa de que
el círculo para él representa el espíritu –espacio
puro, no revelado, mientras que el cuadrado representa
el mundo manifiesto y entendible. Cuando se obtiene
una aproximación a la igualdad entre el círculo
y el cuadrado, lo infinito puede expresar sus dimensiones
o cualidades a través de lo finito. Robert
Lawlor, Sacred Geoemtry, 1982.
También existe el tipo de cuadrador del círculo
para quien una buena regla graduada y una cuidadosa
medición son suficientes para satisfacer su
sed por la verdad absoluta. Por ejemplo, Augustus
de Morgan narró el relato del hombre que declaró: «Pensé que
era muy extraño que tantos eruditos en todas
las épocas hubieran fallado en encontrar la
verdadera razón, y entonces me propuse intentarlo
yo mismo.» Acto seguido, este hombre hizo rodar
un disco de 12 pulgadas de diámetro es «exactamente» 3.140625.
El problema de discutir con este tipo de cuadradores
del círculo es que pueden hacernos ver que
tienen la razón. Es bastante cierto que es difícil
hacer coincidir incluso las precisión de 22/7
(3.143) en la mayor parte del trabajo mecánico
que implica círculos en el mundo real, y 3 1/8
(3.125), lo cual es significativamente más fácil
de calcular.
Metón:
Con una regla me puse a trabajar para hacer que el
círculo tuviera cuatro esquinas. Aristófanes, Las
aves (414 a.C.)
Pos supuesto, los cuadradores del círculo mantienen
un arsenal de excusas en cuanto a por qué sus
soluciones son descartadas tan rápido por prominentes
matemáticos. Una teoría de la conspiración
arguye que los matemáticos que han escrito libros
de texto perderán dinero si se demuestra que
están equivocados: por tanto lucharán
contra cualquier argumento que se les oponga. Otros
ciclómetros tienen más que una dosis
saludable de paranoia y creen que hay matemáticos
y científicos que han estado ocultando el «valor
real de pi»-quizás porque al igual que
los francmasones sienten la necesidad de guardar la
verdad para ellos.
Y muchos otros ciclómetros sencillamente piensan
que la comunidad matemática no está preparada
para tan importantes tareas. Como escribió el
cuadrador del círculo Lawrence Cavender en su
obre de 1967 Unique mathematical Geometrical Findings: «¿Por
qué no descubrieron estas verdades los matemáticos
en el pasado? Primero, porque no abordaron estos métodos
de solución de la manera apropiada; segundo,
nadie osaría ni siquiera considerar que era
posible que los grandes matemáticos hubieran
errado en estas cuestiones. » Cavender, desde
luego, se atrevió y abordó el problema,
pero con poco provecho a largo plazo.
A
los sofistas de la antigua Grecia les atrajo la idea
de cuadrar el círculo. Insistieron en que
la solución dependía de encontrar un
húmero que representara a la vez un círculo
y un cuadrado. Un cuadrado, quiere decir el cuadrado
de un segundo número; y un círculo,
quiere decir que el número terminaría
en el mismo digito que ese segundo número.
Por ejemplo, 36 es un cuadrado de 6 y termina en
el número 6.
Debe ser en extremo difícil para los cuadradores
del círculo argumentar día a día
en contra de quienes sostienen las verdades establecidas,
insistiendo en que tienen la razón y que todos
los otros matemáticos están evidentemente
equivocados. Desde luego que hay un cierto orgullo
en enfrentarse en tanto individuos a una institución,
con la esperanza de demostrar que alguien con una buena
idea y perseverancia puede llegar hasta la cima. Desafortunadamente,
cuando se trata de las matemáticas, la «buena
idea» de los cuadradores del círculo,
mezclada con su industriosa perseverancia, tiende a
ser una recta más adecuada para hacer el ridículo
que para ganar conocimiento.
Sobre
la aseveración del siglo XVIII de que cuadrar
el círculo es la clave para entender el problema
de la longitud, Augustus de Morgan escibió en
su obra A Budget of Paradoxes: «a veces
un ciclómetro persuade a un capitán,
quien ha hecho tierra en el lugar equivocado, de que
los astrónomos hicieron mal en usar una medida
equivocada del círculo; ¡y el capitán
la considera una solución muy cómoda!
Y esto es todo lo que el problema puede llegar
a tener que ver con la longitud.»
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10 Ptolomeo I, quien reinó del 304
al 285 a. C. en Egipto, terminó el proyecto
de Alejandro Magno de fundar una ciudad que hasta el
día de hoy se llama Alejandría. Se cree
que el famoso Euclides enseño ahí matemáticas.
No se conoce versión de la obra los Elementos
de Euclides que date de la época en que originalmente
fue escrita (ca. 300 a.C.), pero eclipsó a todos
los trabajos previos sobre aritmética y geometría.
Así, en cuanto al problema de la cuadratura
del círculo, aunque se hace referencia a él –(por
ejemplo, Aristófanes había satirizado
dicho problema en la obra de Las aves)- y se sabe de
algunos intentos por resolverlo-(e.g., Anaxágoras
de Clazomene, 500-428 a.C., Antufón y Brisón,
ca. Finales del siglo V a.C.)- antes Euclides, cuando
se dice «en el sentido euclidiano» que
significa que el problema debe resolverse usando un
número finito de veces la regla y el compás
respectivamente para trazar una recta por dos puntos
dados y una circunferencia estando dados su centro
y su radio. La tradición informa que fue Platón
(429-348 a.C.) quien insistió en la imposición
de estas condiciones. (Como en los Elementos de Euclides no
se menciona ningún instrumento geométrico,
también suele decirse que el problema debe resolverse
en un número finito de pasos en los que intervengan
solamente rectas y circunferencias.) [N.T.]
11 Véase la nota anterior.
*Bibliografía:
El encanto de
/Blatner,
David; trad. De Rodrigo Cambray-Núñez-
México: SEP: Aguilar: Altea: Tauros: Alfaguara,
2003, 144 p.- (Libros del Rincón) ISBN: 970-741-942-3
SEP